Las ciudades son fuente de atracción y todo aquel que vive en una ciudad o barrio de ciudad se ve inmerso en su ajetreo, el cuál invita a malgastar el papel-moneda y peor aún en hacer de un ídolo a tal papel moneda, del otro extremo están los ahorradores... ambos extremos han sido liberados por la mente de ciudad que quizo a manera o modo post-socrático ejercer influjo sobre las pequeñas mente que la componen. Es en éstos lugares donde el gasto se pierde en la orgía de los sentidos dado el avallasamiento de información publicitaria.
Por todo ésto, el budismo ecológico, llama a la autosuficiencia en productos, animales y plantas que nos causarán la propia necesidad básica como satisfecha.
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